
Declarada monumento natural, zona intangible y Sitio Ramsar (humedales de importancia internacional), este mágico espejo de agua jujeño -que se asienta a unos cuatro mil metros de altura- convoca a visitantes de distintos lugares del mundo.
El cielo azul profundo de la Puna se ve adornado a diario por el colorido plumaje de los flamencos que antes de remontar vuelo, mueven sus patas en forma circular en el fondo de la laguna de los Pozuelos para levantar los microorganismos que los alimentan, dejando pequeñas depresiones.
Algunos dicen que el nombre de ese Parque Nacional de 16.224 hectáreas de superficie, deviene del elegante movimiento de esas aves. Otros, por el contrario, atribuyen tal denominación a las efímeras “lagunitas” que forman las lluvias veraniegas al suroeste de la laguna.
Sea cual fuera el verdadero origen del nombre, lo cierto es que ésta área natural ubicada en las alturas de la Puna, es un mosaico de especies donde reinan diversos tipos de aves; más de noventa, según los especialistas, lo que hace de Pozuelos un lugar privilegiado para el avistaje.
Gallaretas gigantes, avocetas andinas, chorlitos puneños, aguiluchos y cóndores, se codean con los visitantes externos que vienen del hemisferio boreal, como el falaropo tricolor y la becasa de mar.
La afluencia de esta gran variedad de aves obedece a una característica particular de las aguas de esas lagunas de altura: se trata de su condición de salobres. Esas aguas de deshielo, sumadas a las fuertes lluvias estivales, avanzan por el camino lavando rocas y suelos volcánicos cargados de sales. Entre ellas, Pozuelo es la de mayor tamaño.
Por su parte, la estepa circundante a la laguna está habitada por vicuñas, suris, pumas, zorros, piches y teros, cuyas siluetas se pueden adivinar a la sombra de las sierras de Cochinoca y San José, al noroeste de la provincia de Jujuy.
Uno de los problemas que se presentan en la zona es la sobrecarga de ovejas, un ganado de alto impacto para la vegetación que acentúa la erosión natural de la tierra y pone en serio peligro la subsistencia de unos 3500 pastores Kollas, la mayor congregación humana de la Puna.
Para combatir esta situación, paradójicamente, los crianceros, técnicos y el gobierno, emprendieron la mejora genética del ganado bovino bajo la argumentación de que cuando los productores ganen más dinero por menos animales, el número de ovejas caerá indefectiblemente.
A esta estrategia se suma el aliento a que se incremente la cría de llamas, ante la creciente demanda mundial de ese tipo de lana y porque produce un impacto mucho menor sobre el suelo.
El fortalecimiento de organizaciones Kollas como la Red Puna, que nuclea a más de 1200 familias de 70 comunidades diferentes, o la cooperativa de tejedoras Warmis, brinda un auspicioso marco a estas iniciativas.
Fuente: Télam
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