
Considerado el transformador de la ciudad de Barcelona, Antonio Gaudí revolucionó la arquitectura con sus formas, relieves, su geometría, la concepción del espacio y su pasión por las formas de la naturaleza. Realizó innumerables obras que hoy son la huella del advenimiento de la modernidad.
Nacido en 1852 en Reus, Campo de Tarragona, hijo de un calderero de Riudoms, desde su infancia Gaudí fue un atento observador de la naturaleza, de la que le atraían las formas, los colores y la geometría. En 1868 decidió estudiar arquitectura en Barcelona, en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, escuela que se inclinaba por las corrientes neoclásicas y románticas.
Así, su primera producción arquitectónica osciló entre una reinterpretación de los cánones históricos con influencia oriental y la recuperación de elementos medievales. Siendo muy joven le llegaron los primeros encargos procedentes del mundo eclesiástico y la burguesía, que serían sus principales clientes.
En 1883 aceptó hacerse cargo de continuar las recién iniciadas obras del templo de la Sagrada Familia. Gaudí modificó totalmente el proyecto inicial, convirtiéndola en su obra cumbre, conocida y admirada en todo el mundo. Otro de sus fieles clientes era el industrial Eusebi Güell, quien le confió la construcción de un palacio, una ciudad-jardín, una iglesia y unos pabellones para su residencia de veraneo.
A partir de 1910 se dedicó casi por completo a este proyecto, hasta que murió trágicamente en 1926 a los 74 años de edad, por las graves heridas que sufrió al ser arrollado por un tranvía, cuando cruzaba la calle. Gaudí fue enterrado, en la cripta de la Sagrada Familia.
Hoy sus obras son consideradas por los movimientos vanguardistas como un ejemplo de modernización y renovación de la arquitectura del siglo XX.
Las obras más importantes
Sagrada Familia (1883-1926)
La obra más conocida de Antoni Gaudí, ni fue iniciada por él, ni pudo terminarla. A la edad de 31 años se hizo cargo de la dirección de las obras de este Templo, tras la renuncia del arquitecto inicial Francisco de Paula Villar, cuando ya se había construido una parte de la cripta subterránea.
Gaudí cambió radicalmente el primer proyecto sustituyéndolo por uno propio, mucho más ambicioso, original y atrevido que el inicial. Con un fuerte predominio del estilo gótico, con el objetivo de contrarrestar el desplazamiento de las fuerzas, utilizando contrafuertes y arbotantes.
La fachada del Nacimiento, es la parte de la obra que Gaudí deseaba dejar terminada como muestra y ejemplo para sus continuadores, ya que él, muy a su pesar, tuvo que aceptar que era imposible llegar a realizar una obra de esta envergadura en el corto periodo de una vida. Casi en los inicios había sido tan optimista que soñó con que podría llegar a acabarla en poco más de diez años.
Actualmente hay ocho torres construidas, las correspondientes a las fachadas del Nacimiento y de la Pasión. El proyecto tendrá un total de 18 torres. Las 12 más bajas, entre las que se encuentran las ocho ya construidas, corresponden a las tres fachadas, y están dedicadas a los apóstoles. Cuatro, de superior altura, a los Evangelistas. Sobre el ábside, de mayor diámetro, a la Virgen María y la más alta que remata todo el templo, estará dedicada a Jesucristo.
Se calcula que se podría llegar a finalizar dentro de unos 30 años, esto es, antes de que se celebre el segundo centenario del nacimiento del genial arquitecto.
Casa Milá – La Pedrera (1906-1912)
Bautizada popularmente como "la cantera" por el sorprendente aspecto pétreo de su fachada, perteneció al señor Pere Milà, que se casó con una viuda rica, la señora Roser Segimon, quien quería vivir en una casa espectacular, en la avenida más cosmopolita de la Barcelona de la época: el Paseo de Gràcia.
Gaudí fue el arquitecto escogido, sobretodo porqué acababa de construir la casa vecina Casa Batlló, considerada entonces el último grito en la arquitectura local. Pero el señor Milà deseaba que la suya fuera más grande: monumental. De manera que el arquitecto construyó dos fincas con accesos independientes, aunque unificadas por una misma fachada y ritmos ondulantes, que dispone de unos grandes ventanales que permiten una buena iluminación interior.
Una sorprendente estructura en el sótano, que se utilizó de garaje, una distribución en planta libre en pisos destinados a las viviendas y un peculiar desván que soporta la azotea son sus elementos más significativos.
La fachada de esta construcción, que semeja un gran precipicio, se ondula sobre la confluencia de dos calles como si se tratara de un edificio aislado. Los grandes bloques de piedra que conforman el revestimiento exterior, fueron tallados en el mismo lugar de la construcción dándoles una textura rugosa de piedra natural.
En contra de lo que pudiera parecer por su sólido y macizo aspecto, en este edificio no existen paredes de carga, ni incluso en la fachada. Al encontrarse todo él apoyado sobre pilares y vigas metálicas, podría cambiarse, sin problema alguno, toda su distribución interior.
La negativa de sus propietarios a que se colocara sobre la fachada un grupo escultórico en bronce, de la Virgen rodeada de arcángeles, de 4,5 m de altura, hizo que Gaudí se distanciara de los propietarios que no le permitieron acabar su proyecto. Los últimos honorarios del arquitecto pudieron cobrarse tras una orden judicial.
La propietaria actual del edificio, la "Caixa Catalunya" (Caja de ahorros de Cataluña) ha dedicado esta zona a "L'Espai Gaudí" donde se exhiben maquetas, dibujos y documentos relacionados con el genial arquitecto.
Casa Batlló (1904-1906)
La Casa Batlló está situada en el número 43 del Paseo de Grácia de Barcelona, la ancha avenida que atraviesa el barrio modernista del Ensanche o Eixample, en la llamada Manzana de la discordia, porque alberga además de éste edificio, las obras de los arquitectos modernistas: la casa Amatller, que colinda con la de Gaudí, obra de Puig i Cadafalch y la Casa Lleó Morera, obra de Domènech i Montaner.
Como todos los edificios de Gaudí, también la Casa Batlló se aparta totalmente de los cánones tradicionales, y cautiva al visitante por sus originales formas y los numerosos detalles incorporados a la fachada y también a los espacios interiores.
La fachada tiene unas suaves ondulaciones. Los balcones están diseñados con formas entrelazadas curvadas, y la cerámica tiene una vez más un papel importante en la parte exterior del edificio. El vértice del tejado es curvo y recuerda al lomo de un gran animal. Está coronado por una imponente chimenea, colocada de forma asimétrica en la parte superior de la fachada.
Parque Güell (1900-1914)
El Parque Güell es un gran jardín con elementos arquitectónicos situado en la parte superior de Barcelona, en la vertiente que mira al mar de la montaña Turó del Carmel, no muy lejos del Tibidabo. Tiene una extensión de 17,18 hectáreas (0,1718 kilómetros cuadrados).
Existen formas onduladas, parecidas a los ríos de lava, y paseos cubiertos con columnas que tienen formas de árboles o de estalactitas. Muchas de las superficies están cubiertas con pedazos de cerámica o de vidrio a modo de mosaicos de colores. Por su localización al margen de la urbe y a una altitud elevada, este parque es un remanso de paz que contrasta con el ruido y frenesí de la capital catalana.
Antoni Gaudí tenía en mente las ciudades-jardín inglesas y se empeñó en lograr una perfecta integración de sus obras en la naturaleza. Prueba de ello las columnas constituidas de piedras de tamaños y formas muy variables, que sugieren troncos de árboles, estalactitas y cuevas naturales. Los ángulos rectos no aparecen en ningún lugar: Las columnas están inclinadas como palmeras.
El punto central del parque lo constituye una inmensa plaza vacía cuyo borde sirve de banco y ondula como una serpiente de ciento cincuenta metros de longitud. Está recubierto de pequeñas piezas de cerámica y cristal y es obra de Josep María Jujol, un colaborador de Gaudí.
La plaza está parcialmente sostenida por la Sala de la cien columas, compuestas por ochenta y cinco columnas parecidas a estalagmitas gigantes en una cueva. En el techo, entre ellas se encuentran decoraciones circulares.
A este lugar llega la escalinata de la entrada principal del parque,
dispuestas simétricamente alrededor de una escultura de salamandra que se ha convertido en el emblema del jardín. Representa la salamandra alquímica, que simboliza el elemento fuego.
En la entrada principal del parque se alzan dos edificios de puro estilo Gaudí, con techos de suaves curvas, extraños apéndices y motivos geométricos.
Es Eusebi Güell quién da su nombre al parque. Este rico empresario catalán, miembro de una influyente familia burguesa de la ciudad condal, fue para Gaudí un verdadero padrino, permitiéndole llevar a cabo muchas de sus obras.
Este parque es el feliz resultado de un fracaso comercial: en efecto,
en el monte ocupado hoy por el parque estaba previsto construir una urbanización de gran categoría, con aproximadamente 86 viviendas diseminadas en un inmenso jardín, en las inmediaciones de la ciudad y con una vista panorámica sobre toda Barcelona. Pero, a causa de la primera guerra mundial, se vendieron solamente dos parcelas, en una de ellas se encuentra la casa museo Gaudí, y el ayuntamiento decidió años mas tardes, en 1926, tras la muerte de Güell, comprar el terreno restante para hacer un parque público. Gaudí se dedicó desde entonces exclusivamente a su más monumental obra, la Sagrada Familia.
Según el plano original, la plaza central debía ser un teatro griego, y las columnas constituían un templo dórico de cien columnas.
En 1984 la UNESCO declaró el Parque Güell Patrimonio de la Humanidad. Era Monumento histórico artístico desde 1969.
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