
Ubicada en el centro de México, Guanajuato es una de las ciudades más atractivas, poblada de leyendas, tradiciones y fiestas y famosa por sus Callejoneadas, protagonizadas por los estudiantes.
“No vale nada la vida / La vida no vale nada / Comienza siempre llorando / Y así llorando se acaba”. Esta es una de las tantas estrofas que se deja oír cuando se pasea por las calles de Guanajuato, en el centro de México. Alrededor de las 20.30, cientos de jóvenes comienzan a juntarse, cerveza en mano, con sus guitarras, contrabajos y mandolinas, para iniciar un tradicional recorrido por plazas y callejones. Allí bailan, cantan, se encuentran y se aman, ritual que se ha dado en llamar Tuna, Callejoneada o Estudiantina.
A fines de 1962, un grupo de estudiantes guanajuatenses descubrió la música de estudiantinas españolas y se organizó para cantarlas. Las autoridades universitarias los apoyaron y así nació la primera tuna de la ciudad llamada “Estudiantina de la Universidad de Guanajuato”.
Desde entonces, la costumbre se fue adentrando de tal modo en el espíritu de la ciudad, que ya se transformó en ritual. Durante el año lectivo, por lo menos dos o tres veces por semana las callejoneadas se hacen presentes entre los habitantes de esta bellísima ciudad.
El viajero las encuentra fácilmente porque, aunque hay varios recorridos posibles, en general los jóvenes se encuentran en la explanada de Teatro Juárez, uno de los edificios más hermosos de México, inaugurado en 1903, de estilo neoclásico, con dos leones de bronce en la escalinata, columnas griegas decoradas con esculturas y, sobre todo, un espectacular interior de estilo morisco y techos de vitraux.
Frente al imponente teatro esta ubicado el templo de San Diego, una joya arquitectónica de estilo churrigueresco, cuya construcción original data del siglo XVII.
Los dos edificios bordean el Jardín de la Unión, la plaza central de Guanajuato y la primera parada de las callejoneadas. Es un bellísimo parque triangular rodeado de hoteles y restaurantes, punto de reunión de locales y turistas.
La callejoneada sigue su rumbo al Callejón del Salto del Mono y, un poco más allá, otra parada es la Plaza de la Paz, una de las más antiguas de la ciudad con su extraña forma semitriangular y rodeada de bellísimos edificios y típicos cafés y restaurantes.
Bajando por Avenida Juárez, la tuna llega al Mercado Hidalgo, principal mercado de la ciudad, un enorme edifico de 1910, con estructura de metal, abarrotado de puestos de artesanías, souvenirs y comidas típicas al paso.
Calle abajo aparece una pequeña plaza, y de allí se pueden tomar varios caminos, uno de ellos lleva al Callejón del Beso, ubicado en el centro de la ciudad, célebre porque sólo mide 68 centímetros de ancho y sus balcones están casi pegados uno al otro, a la distancia de un beso. Este origina la leyenda más famosa de Guanajuato, la cual relata la historia de dos enamorados, Ana y Carlos, a quienes sus familias les prohibían verse, y entonces se citaban clandestinamente en dos balcones opuestos de esta angostísima callejuela. El padre de Ana los descubrió un día en pleno beso y mató a su hija en ese mismo balcón, clavándole una daga en el corazón.
Se dice que todas las parejas que pasan por Guanajuato cumplen el rito de detenerse justo en la mitad del callejón, bajo los dos balcones, para darse un beso y garantizarse así siete años de felicidad. Y allí en el callejón del Beso, con beso y promesas de amor eterno, termina algunas noches el recorrido de la tuna.
En España, las tunas nacieron en el siglo XII, con la creación de las primeras universidades, cuando los jóvenes que no podían pagarse los estudios se procuraban dinero y un plato de sopa caliente trovando por fondas y mesones. Luego perdieron ese origen de manutención para pasar a ser más bien un placer estudiantil, ligado a la música, las mujeres, los viajes y el buen vino. Así llegó hasta los universitarios de hoy y así paso también a varios países de América, Holanda, Francia, Alemania, Bélgica y Japón.
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www.guanajuatocapital.com

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