
Cande y Herman Zapp son un joven matrimonio argentino que en 2000 partió rumbo a Alaska a bordo de un viejo automóvil de 1928. Lograron cumplir su sueño tras recorrer 70 mil kilómetros en cuatro años. Durante la odisea, tuvieron a su primer hijo y descubrieron las maravillas naturales del continente y la hospitalidad de su gente. Luego publicaron un libro con sus experiencias. Te presentamos algunos fragmentos de su diario de viaje.
Herman Zapp y Candelaria Chovet eran un joven matrimonio argentino, con un buen pasar económico y una vida segura. Sin embargo, el sueño compartido de recorrer el continente americano, desde Buenos Aires hasta Alaska, los llevó a dejarlo todo y lanzarse a la aventura.
El primer paso fue conseguir un medio de transporte. El elegido fue un viejo Graham Paige modelo 1928 que apenas alcanzaba los 40 kilómetros por hora. A bordo de él partieron el 25 de enero de 2000, con la idea de completar el periplo en seis meses cubriendo 20 mil kilómetros. Pero las innumerables sorpresas que les tocó vivir cambiaron un poco sus planes. La bajada del Amazonas en balsa, la gente, los lugares, la falta de dinero y el nacimiento de su hijo Pampa, entre otras contingencias, hicieron que el viaje se extendiera durante 4 años y 70 mil kilómetros. Pero llegaron.
Los siguientes son algunos de los relatos que forman parte del libro “Atrapa tu sueño”, el apasionante diario de viaje Candey Herman Zapp.
¡Vamos!
“Y el 25 de enero llega. Cargamos por primera vez el auto, lo que parecía que nunca entraría entra perfecto.
Estamos a punto de dejar nuestro lugar, amigos, familiares, nuestros trabajos y pequeñas conquistas. Hasta nuestra perra, que presentía que algo estaba por suceder. Nos despedimos de la casa con un beso y una palmadita sobre sus paredes.
Ahora solo falta dar el primer paso, el de empezar. Tengo tantos miedos y nervios que no sé cómo hacerlo. Ya está todo cargado, todo listo, sólo falta un poco de coraje. La miro a Cande y le pregunto:
- ¿Vamos?
- Vamos – responde en una mezcla de nervios y firmeza.
Nos acercamos hasta el auto y abrimos la puerta. Subimos y ponemos en marcha el motor que arranca inmediatamente. Por primera vez, el primer día de viaje, apoyo mi mano en la palanca de cambio, pongo primera y salimos sintiendo algo muy fuerte. El comienzo de nuestro sueño”.
Recuerdos
- “¿Cuál fue el obstáculo más difícil?
- El miedo: a dejarlo todo, a empezar, a lo desconocido, al peligro...
- Y ¿Cómo los vencieron?
- Nunca los vencimos, pero tampoco nos dejamos vencer por ellos. Tuvimos que tomar los miedos que siempre nos acompañaron y dejarlos a un costado para que nos dejasen avanzar. Tampoco es que nos libramos de ellos, aún vienen con nosotros, pero ya no están por delante impidiéndonos continuar.”
No te hundas
"- ¿Dónde guarda el resto? – le pregunto al indígena al ver lo poco que posee.
- No hay más, esto es todo. Si tenés muchas cosas, te hundes con ellas. Cuanto más posees, más problemas tenés. Si andas liviano, andas con libertad – comenta mientras revuelve su comida -. Todo lo que necesites en tu vida es temporal, el mundo te lo ofrecerá temporalmente. La vida no es eterna y nada te pertenece eternamente.
¿Qué decirle? No esperaba un comentario tan increíblemente cierto y tan contrario a la educación de mi sociedad.
- ¿Eres un viajero?
- Sí – le respondo.
- La vida es un viaje y todos estamos de paso: no te cargues, no te hundas, despojate.”
Palabra mágicas
“Alonso nos espera con el desayuno listo.
- Les voy a dar mi consejo: cuando necesiten algo, cuando no puedan solos, cuando necesiten ayuda pídanla, sin miedo, sin vergüenza, pídanla. Nadie se negará, dejen que otros sean parte de su sueño, no todo lo pueden hacer solos. Muchas veces necesitarán ayuda y muchísima gente querrá ayudarles, pero si no se lo piden no sabrán cómo hacerlo.
- Pero ¿Cómo es eso de pedir ayuda a otros? Me da vergüenza, un no sé qué.
- Nada de los más importante lo han aprendido solos.”
Bellísima Machu Picchu
“El sol amanece a mis espaldas, como tratando de no enceguecerme y a la vez queriendo iluminarlo todo para mí. Mi sombra no me sigue, se adelanta marcándome el camino. Está más ansiosa por llegar que yo. Reconozco desde aquí el cerro Huayna Picchu que vi en miles de fotografías como fondo de Machu Picchu.
Sufro por la niebla blanca que cubre las místicas ruinas y con ellas mis deseos de verla. Me siento, espero... Pero la caprichosa niebla no se levanta... Un minuto después los rayos del sol caen sobre la niebla brindándole movimiento, como despertándola... y Machu Picchu se hace ver, bella, bellísima.
Bajo corriendo lo poco que me falta para alcanzarla. Llego hasta una piedra enorme y lloro de felicidad. Me siento muy bien, siento que puedo abrazar todo el mundo. Él me pertenece, me siento rey. No he nacido príncipe, pero el verdadero rey no nace, se hace.”
Una balsa
“Unos días después el capitán Aldaz nos manda a llamar:
- Estamos hablando de la selva amazónica, ahí afuera no hay nada más que peligros. ¿Por qué no te olvidas de esta idea? – Insiste el capitán.
- No digo que no tenga razón, pero si le hago caso a los demás, quienes siempre me dijeron que no podría o que sería peligroso, ahora estaría en casa. Todo lo que nombró como peligroso es lo que más vivo me hace sentir. Cuando más arriesgo mi vida por algo que tanto quiero, es cuando más vivo me siento. Tengo la oportunidad de navegar el Amazonas, una oportunidad única, tan única como la vida que tengo y le puedo asegurar que no la voy a dejar pasar – le respondo.
- ¿Van a llevar indígenas para navegar la canoa? – pregunta medio resignado.
- Sí, ellos son los que conocen por donde navegar, cazar, pescar, qué comer, el idioma quechua y miles de cosas que nos pueden enseñar.
- ¿Ya los tienes? ¿Y dinero para pagarles?
- No y tampoco dinero.”
Triple frontera
“Amanecemos en el lecho del Río Amazonas, estamos en la triple frontera de Perú, Brasil y Colombia. Veo a un señor cargando bolsas de papas en una canoa de unos cinco o seis metros de largo. Me quedo mirándolo.
- ¿Cuánto pesa cada bolsa? – le pregunto.
- Unos cuarenta o cincuenta kilos.
- ¿Cuántas bolsas puede cargar?
- Unas veinte, veinticinco... más o menos.
- Eso sería entre unos mil a mil doscientos kilos. ¿Qué pasaría si pusiésemos dos canoas juntas, unidas con tablones y subiéramos un auto? – se me ocurre preguntarle. Se queda mudo, mirando el Graham.
- No sé, no es que no quiera, pero si llegase a pasar algo... Es mi única canoa, mi herramienta de trabajo. Además habría que conseguir otra canoa y ver si se animan. No sé, sería muy riesgoso.
- ¿Con quién hay que hablar para conseguir otra canoa?
Voy a hablar con su hijo, quien muy entusiasmado me dice que mañana lo intentaremos, Esta noche nos cuesta mucho dormir, no estamos nada tranquilos.”
Carnaval
“¡Llegamos a la ciudad de Oruro para el carnaval! Bailamos, todos bailamos, son tres días imparables de fiesta.
Dejamos la ciudad con muchos borrachos en las calles, el auto en el garaje y nosotros en ómnibus a Potosí. Hablamos del carnaval, de lo bien que nos hizo sentir dejar aflorar nuestro niño interior.
Cuando éramos niños todo lo podíamos pero no teníamos las fuerzas, y ahora que las tenemos pensamos que no podemos.
La vida deja de ser guiada por nuestro niño interior para ser guiada por un ser adulto modificado por el entorno, donde ser ese adulto significa no hacer cosas de niños y ser responsable.
Un señor se pone a cantar una melodía en quechua, y siento que si uno quiera cantar tiene que cantar, como si nadie te escuchara y bailar como quieras. Si sólo hacemos lo que para los demás es normal, terminaremos haciendo todos lo mismo, en un mundo sin risas ni cantos.”
En la mitad del mundo
“La familia Huespe nos espera en su casa, están contestando todos los llamados después de haber participado en un programa de televisión, en el cual tuvimos un percance.
- No saben qué lindos mensajes tenemos para ustedes. ¿Les puedo leer uno? Dice así: “Estuvieron muy bien, nos hicieron sentir que los sueños se pueden cumplir con lo poco que uno tiene en sus manos, que uno puede viajar cincuenta mil kilómetros en un auto que no es siquiera para hacer cien. Cuando el auto apareció en el estudio y se sacudió sin poder avanzar más, cuando se oyó el “empujen, empujen...” y se vio a tres hombres haciéndolo mientras Freddy decía “Así vienen desde Argentina”, se los percibió frágiles, como todos lo somos. Pero aún así, con esa fragilidad, han llegado desde Argentina hasta la mitad del mundo. ¿Y saben qué fue lo que sentí? Unas ganas enormes de vivir la vida, de cumplir nuestros sueños. Nos permitieron ver que con nuestra fragilidad y con lo poco que tenemos, si queremos, podemos dar la vuelta al mundo.”
Lograr lo imposible
“Alexis nos lleva a un hotel y paga nuestra estadía de su bolsillo. No hay modo de disuadirlo, nos responde que le quitaríamos la felicidad.
- Chicos, escuchen: con las dificultades uno crece, con los problemas uno se fortalece. El miedo debilita, las dudas entorpecen, la fe empuja, con la esperanza se avanza. No dejen de avanzar. Ustedes, allá en el parque le comentaron a mi gente que la mayor dificultad de todo el viaje fue empezar. Hay una más, hay otra dificultad que surgirá en el camino antes de terminarlo o casi al final. No la vean como una dificultad sino como una prueba final. No aflojen, no cometan el error de la mayoría de aflojar a último momento. No abandonen su sueño. Si pasan esa prueba, podrán decir: “Sueño cumplido”.
- Tenemos otro sueño – agrega Cande -. Queremos tener un pequeño campo en la montaña adonde construir cabañas y recibir gente...
- Empiécenlo – nos dijo como la única fórmula para cumplirlo.”
Llegada
- “Ahí... Ahí está. ¡Llegamos! ¡Llegamos! – gritamos con Cande a la vez que nos abrazamos apretujando a Pampa que está entre nosotros, y mientras el auto va y viene perdiendo un poco el control.
Al letrero lo vemos a quinientos metros que se hacen eternos. Queremos llegar y saltar, Cande agita sus piernas como ya pisando la tierra de Alaska. Saltamos del auto, corremos, gritamos. Pampa en mis brazos, ríe, festeja. La poca gente que hay, primero no entiende por qué tanta alegría. Luego nos aplauden, los abrazamos; necesitamos compartir nuestra felicidad.
Tomo la filmadora para capturar a Cande, quien se pode a entonar un cántico de cancha de fútbol improvisando la letra: “Olé, olé, olé, olé, olé, olé, olá. Desde Argentina.... llegamos a Alaska, no pude parar, olé...” Veo a esa Cande niña de la que me enamoré. Soy feliz, y la fórmula es una mezcla de amor y de sueños. No veo Alaska como el fin del sueño, sino como el comienzo de otro y ahora pisando Alaska, sé que nada es imposible.”
Fuente: Tije

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