
Desde que existen los avances tecnológicos han aparecido cientos de rumores y falsas afirmaciones sobre los sofisticados dispositivos que se fueron ganando un hueco en nuestras vidas. Veamos cinco de los más divulgados.
1. Los ladrones telefónicos
Este rumor sigue propagándose con facilidad por Internet: alguien nos llama y nos pide que para comprobar la línea telefónica, pulsemos unos dígitos. A partir de este momento, pueden cargar todas las llamadas a nuestro número.
Por descontado, esto es falso, y la única manera que tiene alguien de aprovecharse de nuestra línea es de una manera mucho más primitiva: puenteando los cables que van desde la caja de cables de nuestro edificio hasta nuestro piso. Otra manera menos común es intentar configurar un teléfono inalámbrico para que funcione con la misma frecuencia que el que tengamos en casa (si tenemos) y así poder descolgar y llamar desde una casa contigua con nuestro teléfono.
En todo caso, hay que ir con cuidado, porque sí que podemos llevarnos ciertos disgustos con los teléfonos móviles, que con una combinación de números pueden encargar productos y servicios que, al contratarlos sin saberlo, pueden estar largo tiempo cobrándonos sin que nosotros sepamos cómo impedirlo. Si recibimos un mensaje pidiéndonos que enviemos un mensaje con una combinación de números o letras determinada, desconfiemos.
2. Si ponemos algo metálico en un microondas, puede explotar
De igual manera que nos creemos que si un policía dispara al depósito de un auto en una película, éste puede explotar, mucha gente cree que el poner un objeto metálico en un microondas hace que éste misteriosamente acumule material explosivo en su interior y estalle en mil pedazos.
Lo cierto es que lo único que debemos temer si ponemos un objeto metálico en el microondas es que su vida útil se reduzca. Lo que hace el microondas cuando un objeto metálico es situado en su interior es desplazar sus cargas eléctricas con mucha rapidez, causando descargas eléctricas entre el objeto y la superficie interior del microondas. Si estas descargas son lo suficientemente importantes, pueden llegar a dañar el magnetrón, verdadero corazón del horno, pero nada más.
Obviamente, a menos que tengamos un deseo imperioso de destruir electrodomésticos, esta práctica no es recomendable.
3. En las pantallas de plasma/LCD, todo se ve mejor
Aunque tengamos una televisión de alta definición, preparada para recibir HDTV, películas en HDDVD o BluRay, y con todas las mejoras habidas y por haber, lo cierto es que la calidad de la imagen dependerá principalmente de la fuente de dicha imagen.
Una televisión de alta definición está "preparada" para ofrecer mejor imagen, pero para ello debemos tener un reproductor o un receptor de televisión capaz de transmitir una señal de alta calidad, y que dicho reproductor esté conectado a la pantalla mediante un cable preparado para transmitir imágenes de alta calidad: estándares HDMI o DVI. De igual manera, si tenemos un receptor de televisión analógica (el video, por ejemplo), seguiremos estando limitados por la resolución de dicho receptor.
4. Cuantos más megapixels tenga mi cámara, mejor
Vemos dos cámaras, una de 7 Megapixels, y una de 8. Automáticamente, pensamos que la de 8 debe ser mejor, ya que tiene más Megapixels, que parece haberse convertido en una medida de calidad: "Mi cámara tiene muchos megapíxels" parece querer decir "mi cámara es muy buena".
Sin embargo, la gente sigue confundiendo resolución con definición. Uno puede tener más megapíxels en una imagen, pero si dicha imagen no es nítida, tendremos una imagen borrosa de muchos megapíxels. De igual manera, si la cámara no gestiona bien la luz entrante por el objetivo, o si se hace un lío cuando la imagen es en movimiento, el disponer de una mayor resolución no nos sirve de nada.
La calidad de una cámara depende de muchos factores, y uno de ellos es la resolución, aunque no el más importante. Hay que recordar que para la inmensa mayoría de fotos que hacemos y que acabamos revelando a 10x15 brillo, 4 Megapíxels son más que suficientes.
5. El celular explosivo
Curiosamente, este es uno de los mitos que más hondo ha calado en la sociedad dado que, ante el miedo generalizado que causó uno de estos falsos rumores difundido por Internet y tomado por cierto por algunos medios de comunicación presuntamente serios, hizo que varios gobiernos tomaran cartas en el asunto y prohibiera su uso sin siquiera realizar un estudio sobre su peligrosidad real.
Lo cierto, según se ha descubierto en estudios realizados por varias universidades estadounidenses, es que la relación causa-efecto del teléfono celular con pequeños fogonazos en estaciones de servicio no se debía al móvil en sí, sino a la manera de utilizarlo de algunos usuarios.
Cuando no estaba prohibido, algunas personas iban a repostar cuando oían una llamada en el móvil. Entraban rápidamente en su vehículo y, al sentarse, a veces se cargaban electrostáticamente por el roce. Al ir a tomar la boca del surtidor, se producía un arco voltaico por descarga que, en situaciones muy poco comunes, podía inflamar los gases que se desprendieran del surtidor. En todo caso, no provocaba incendios, sino más bien sustos. Así, si la gente hubiera ido a recoger sus gafas en vez del móvil, podríamos haber dicho que el uso de gafas podía provocar incencios en gasolineras.
Fuente: Universia Tech Center

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