
Estos factores son las causas que conducen al principal motivo de muerte en nuestro país: las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares. Los estudios derivados del genoma humano despiertan las esperanzas más sólidas para lograr la cura de innumerables enfermedades
“Super size me” es el film en el que Morgan Spurlock –su productor, director y protagonista principal– muestra qué pasa con su organismo luego de comer durante 30 días los menús que ofrecen los locales de Mc Donald’s en distintas ciudades de Estados Unidos. La película recibió innumerable cantidad de premios, pero también podría ser duramente criticada por su falta de rigurosidad, lo que, sin duda, le quita verosimilitud al mensaje.
Más allá de las objeciones y del gusto personal, es innegable que el film logra generar en sus espectadores una seria advertencia en torno a uno de los problemas más importantes que tiene Estados Unidos en la actualidad: las enfermedades generadas por la mala alimentación. Los datos oficiales y las investigaciones periodísticas corroboran el problema: mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró a la obesidad como epidemia mundial, el 60% de la población adulta norteamericana está excedida de peso, una cuarta parte es clínicamente obesa y aproximadamente 300 mil estadounidenses mueren prematuramente cada año por causas vinculadas con la obesidad.
Nosotros también
A pesar de los miles de kilómetros que separan a la Argentina de la realidad estadounidense, las estadísticas y los especialistas entienden que la mala alimentación, junto al tabaquismo y el estrés, son las tres principales causas que conducen a la mayor causa de muerte en nuestro país: las enfermedades cardiovasculares. Así lo señalan los datos de la OMS y la información oficial del Ministerio de Salud y Ambiente de la Nación. En 2002, murieron un total de 291.190 argentinos, de los cuales, 94.877 fallecieron por alguna enfermedad del sistema circulatorio, entre las que se destacan los problemas cardiovasculares y cerebrovasculares. Siguiendo las estadísticas oficiales, la segunda causa que más muertes produjo en 2002 en Argentina fueron los tumores malignos (53.349), la tercera las enfermedades del sistema respiratorio (36.019), mientras que las denominadas “causas externas” –entre las que prevalecen los accidentes– generaron 19.701 y las enfermedades infecciosas y parasitarias 13.522.
Fast food, short life
“Ninguna enfermedad depende de una única causa”, entiende el ministro de Salud de la Provincia de Santa Fe, Juan Héctor Silvestre Begnis. “Al hablar de los problemas cardiovasculares, es más fácil identificar causas concurrentes”, afirma el ministro y agrega:”Este tipo de enfermedades son generadas por algunas causas hereditarias sobre las que no podemos incidir, pero hay otras causas concurrentes –como la vida sedentaria o el estrés– sobre las que sí podemos actuar”.
En tal sentido, José Vicario, médico especialista en Cardiología y Cardiología Intervencionista, sostiene que los motivos “que generan los problemas cardiovasculares son, principalmente, la obesidad, el cigarrillo y el estrés”. Vicario opina que el obeso es hipertenso, tiene alteraciones del colesterol y su vida se asocia a la diabetes por la resistencia a la insulina. “Todo eso hace que la enfermedad cardiovascular vaya en progreso. En los países subdesarrollados –añade el especialista– el problema es similar al de los del primer mundo: el punto no es la mala alimentación, sino la alimentación inadecuada, es decir, la comida con alto contenido graso y de hidratos de carbono”.
Consultada sobre el tema, la médica Raquel Chiara, decana de la Facultad de Ciencias Médicas (FCM) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) coincide con Vicario y puntualiza que la mala dieta “es central para entender los problemas que generan las enfermedades cardiovasculares. En Argentina se come mal por múltiples motivos, muchos de los cuales tienen que ver con la imposibilidad de comprar alimentos más puros. Tenemos obesos mal nutridos, porque se consumen hidratos de carbono que son más baratos, y las proteínas están en alimentos que no llegan a ciertas clases sociales”.
Chiara también opina que el problema “no es sólo por la falta de comida o sólo por la falta de alimentación, sino por las dos cosas” y cree necesario hacer una distinción por grupos sociales. “En la clase media hay un gran porcentaje de niños con una mala nutrición hecha, fundamentalmente, en base a hidratos de carbono provenientes de los dulces, los caramelos y los alfajores. Pero también es interesante analizar en este sector social la modificación de la costumbre de hacer la comida en la casa. En la mayoría de estos hogares, la mujer trabaja y no tiene tiempo para la cocina. Entonces se comen minutas, comidas fritas o lo que compramos en la esquina”.
En relación a los sectores carenciados, Chiara detecta un problema que lo divide en dos partes: “Por un lado, la etapa que comprende desde el nacimiento hasta que el niño deambula, y por otro lado, desde que deambula en adelante. En la primera, depende de que lo alimenten, por eso es fundamental el pecho materno, cosa que no siempre se puede. Y en la segunda etapa, los chicos salen a pedir y comen lo que pueden. Así, acumulan grasas, pero no proteínas, que es lo que necesita el cuerpo”.
Al referirse a su especialidad, el prestigioso médico oncólogo Reinaldo Chacón, sostiene que no hay una demostración clara que permita concluir que la alimentación tiene incidencia sobre el cáncer. “Durante mucho tiempo se insistió en la ingesta de fibras para disminuir la incidencia del cáncer de colon rectal, pero los últimos estudios no muestran claramente que esto sea así. De todos modos, por supuesto que la ingesta de fibras y la disminución de la cantidad de grasas favorece al estado general de la salud”. En cuanto a la obesidad, Chacón considera que es condicionante de algún tipo de tumores. “Por ejemplo, es clara la relación de cáncer y endometrio –que es un cáncer del útero que tienen, en general, las mujeres posmenopáusicas– y también, aunque eventualmente y no relacionado con su origen pero sí con su evolución, la obesidad tiene trascendencia en el cáncer de mama”.
El temor de todos: el cáncer
“El cáncer afecta hoy en día a una de cada dos personas a lo largo de la vida. Por lo tanto, la mitad de nosotros, en algún momento, vamos a desarrollar algún tipo de tumor. Sólo en un porcentaje que oscila entre el 10% y el 15% de los cánceres hay alteraciones heredo familiares que condicionan su aparición, pero en la gran mayoría, no. No tener relación heredo familiar significa que las mutaciones genéticas son producidas en forma eventual”, detalla Chacón.
Partiendo del concepto policausal de la enfermedad, Silvestre Begnis afirma que existe “una relación causal entre el cigarrillo y el cáncer de pulmón y también entre el cigarrillo y el infarto, pero la presencia de cáncer por una sola causa determinada es rara”. Por tal motivo, el ministro considera que, en materia de cáncer, “es poco lo que podemos hacer. La tendencia es a la detección precoz y a la solución cuando el tumor todavía no se desarrolló. Por eso se mejoró tanto la sobrevida a partir de los exámenes periódicos”.
Chacón advierte sobre la necesidad de no confundir “la detección precoz –detectar lo más tempranamente posible– con la prevención –evitar que se produzca un cáncer–. Algunos métodos hacen las dos cosas, es decir, ayudan a prevenir y a la detección precoz. Si uno hace una mamografía, eventualmente puede encontrar un cáncer de mama chiquito, lo cual es detección precoz, pero también podría encontrar lesiones que todavía no son realmente verdaderos cánceres, y si uno extirpa esas lesiones, el paciente no va a tener cáncer. Quizás el mejor método de prevención sea la fibrocolonoscopía, esto es, casi todos los cánceres de colon y de recto comienzan siendo pólipos. Si uno detecta el pólipo y lo saca, nunca ese paciente va a tener cáncer. Eso es una prevención realmente efectiva”.
Por último, al referirse a la posibilidad de cura del cáncer, Chacón opina que si se detectan precozmente, “todos los cánceres tienen altísimas chances de curarse. Un cáncer de mama que es detectado cuando tiene menos de un centímetro, es curable en un 90%. De forma tal que cualquier cáncer detectado en forma precoz tiene altísima chance de curarse”.
El futuro que nos espera
Con sus ojos clavados en el artículo titulado “Why do humans have so few genes?” (¿Por qué los humanos tienen tan pocos genes?) publicado en la edición de julio de la revista Science –edición especial por el 125º aniversario de la prestigiosa publicación–, Vicario avizora que el futuro de las ciencias de la salud está puesto en la genética. “Conociendo el genoma, la cantidad y la distribución de genes que tiene el cuerpo humano, el próximo paso es conocer las proteínas y los metabolitos que producen los genes. A partir del genoma se puede construir salud: el tratamiento se realizará haciendo modificaciones de los genes que se alteran en cada una de las enfermedades. Si se puede modificar genéticamente la composición de, por ejemplo, el colesterol, la persona podría seguir sin problemas. Pero también –completa el especialista–, es importante la transformación genética en la comida”. Sin embargo, Vicario adelanta que en el futuro “será también fundamental la prevención, principalmente todo lo que tenga que ver con los tratamientos de la enfermedad coronaria, tema en el que ya hay importantes avances”.
Chacón coincide con Vicario y puntualiza que a partir de la descripción del genoma humano y del desarrollo relacionado con ese tipo de técnicas, “la medicina se revolucionó y recién estamos en los comienzos de la aplicación de esos conocimientos”. Y específicamente, al referirse al cáncer, el especialista concluye: “Poder saber que va a pasar con un tumor o con un tejido a través de sus componentes génicos, facilitará los tratamientos y dará lugar a nuevas terapéuticas que hoy no disponemos. De todas formas, así como digo que el 50% de la gente va a tener cáncer, también digo que el 50% de los cánceres se curan. Y curar, quiere decir curarse para siempre. Y eso es merced a los adelantos actuales”.
Por último, Silvestre Begnis afirma que se logró mejorar el promedio de vida, pero reconoce “que no mejoramos ni la calidad de salud ni la calidad de vida. Un individuo vive hasta los 70 años en promedio, pero en sus últimos 10 años está aquejado de enfermedades crónicas. A esas enfermedades le pudimos poner buenos tratamientos, pero no prevención. A excepción del Viagra, la ciencia se preocupó por prolongar la vida, pero no por brindar elementos de placer para disfrutarla. Y esto de lo que estoy hablando es salud. Disfrutar la vida es salud. Tener más vida sin disfrutarla es simplemente tener más años”.
Prensa Institucional Universidad Nacional del Litoral (UNL)



