
Según un estudio realizado en Estados Unidos, la obesidad es la principal causa de enfermedades hígado en niños y adultos. Un médico argentino egresado de la UBA participó en la investigación
Un trabajo científico publicado en el número de julio de la revista científica Hepatology de Estados Unidos evidencia que la obesidad es la causa número uno de enfermedades de hígado en niños y adultos obesos; y que un hígado graso o non alcoholic fatty liver disease (Nafld, según sus siglas en inglés) deriva en complicaciones celulares.
El doctor Ariel Feldstein, un médico argentino egresado de la Universidad de Buenos Aires que lidera un grupo de investigadores de la Clínica Mayo Rochester Minnesota, fue quien mostró que la sobreacumulación de ácidos grasos desata una reacción que aniquila las células hepáticas en uno de los órganos más importantes del cuerpo humano.
Los casos de obesidad, en un 5%, se deben a razones genéticas mientras que el resto se debe a factores tales como mala alimentación, al no consumir una dieta rica en frutas y verduras, y a una vida sedentaria sin actividad física.
“En casos como estos, la alimentación es determinante -afirmó el Dr. Feldstein-. La mayor parte de los norteamericanos y dos tercios de las personas obesas tienen hígado graso y esto puede provocar todo un espectro de trastornos, desde inflamación hasta fibrosis o cirrosis".
Pero evidentemente ésta no es una preocupación de la sociedad Americana, ya que datos de la Organización Mundial de la Salud estiman que hay al menos 1 billón de personas que tienen sobrepeso y 300 millones de personas son obesas en el mundo.
A pesar de que los datos son más dramáticos en Estados Unidos y Europa Occidental, la Argentina, al igual que otros países de Latinoamérica, no escapan a este fenómeno.
Tal es así, que en 2003 una investigación realizada por médicos nutricionistas del Hospital Durand establecía que tres de cada diez alumnos de la primaria tenían sobrepeso. La muestra fue tomada entre 2.241 chicos de 8 colegios diferentes entre 6 y 14 años.
"Es muy característico que las personas afectadas por Nafld (hígados grasos) no presenten síntomas, dado que se trata de un órgano muy resistente, que mantiene la función, aunque quede sólo una mínima área activa. Muchos pacientes sólo tienen síntomas cuando la función está dramáticamente disminuida. Los más chicos, sin embargo, parecen tener dolor abdominal y fatiga", sostuvo el Dr. Ariel Feldstein.
Aunque todavía no se puede determinar por qué en algunos casos ésta condición avanza y complica cada vez más las manifestaciones de la enfermedad, muchos problemas que plantea el hígado graso, dijo Feldstein, son el diagnóstico. "Se puede detectar por ultrasonido aunque todavía no existe acuerdo acerca de cuándo indicar un análisis de la función hepática. La biopsia es el gold standard, pero por supuesto hay un gran debate sobre a quién debe indicársele".
En la actualidad no existe un medicamento que haya probado ser eficaz; por tal motivo es que en relación al tratamiento Feldstein afirmó que "por ahora lo más eficaz que tenemos para revertir la enfermedad es bajar de peso a través de una dieta sana y con ejercicio. Pero incluso entre aquellos que lo logran, el 80% vuelve a recuperarlo. Y se vio que las fluctuaciones pueden empeorar el cuadro".
El grupo de investigadores estudió hígados de ratones gordos y flacos y tomó muestras hepáticas provenientes de pacientes gordos y flacos, en donde los resultados indicaron en algunos casos fibrosis y en otros cirrosis.
Evidentemente, para poder realizar investigaciones tan específicas como estas, departamentos espacializados en el primer mundo garantizan buenos resultados. Así se refirió Feldstein a la posibilidad de trabajar en el laboratorio de uno de los hepatólogos más destacados del mundo, como es el del doctor Gregory Gores. ”Tener un muy buen mentor es una de las claves para poder ser exitoso, creo, en todos los aspectos de la vida”.
Aunque también es sabido que los inicios académicos y las primeras investigaciones también son fundadoras. Tal es así, que el Dr. Feldstein no dudó en reconocer que la UBA “es una de las mejores cosas que me pasaron en la vida. En los inicios me dio una gran formación que me permitió pensar en forma crítica y acceder a uno de los programas de residencia y especialización más competitivos de Estados Unidos, y desarrollarme como un investigador independiente. Es más, en el curso de fisiología conocí a mi esposa con quien tuve nuestros trillizos: Natalie, Dylan y Emily”.
Fuente: Télam-UBA



