
Los trastornos del sueño afectan a una gran parte de la población. Entre ellos, el buen descanso puede ser amenazado por dos enfermedades opuestas: el insomnio y la hipersomnia
Dormir. Lejos de ser una mera función vital, dormir puede definirse como uno de los grandes placeres del hombre. Anhelamos apoyar la cabeza en la almohada y si es por más de siete horas, mejor. Pero no todos gozan del placer de dormir en su justa medida: el insomnio y la hipersomnia son trastornos del sueño que afectan a gran parte de la población.
Las funciones biológicas del hombre están marcadas por el popularmente llamado reloj biológico o ritmo circadiano para los entendidos. La palabra circadiano proviene del latín “circa dies” que significa “alrededor de un día”. Es que durante 24 horas nuestro cuerpo realiza una serie de funciones básicas que comienzan a deteriorarse durante las primeras horas de la noche. El sueño, entonces, regula y repara la actividad diaria de nuestro organismo.
Adictos al sueño
El insomnio no es la única enfermedad del sueño que sufrimos. En el extremo opuesto, se encuentra la llamada hipersomnia. Definida como un estado de somnolencia continuo, se caracteriza por largas siestas voluntarias y otros episodios involuntarios de sueño que en ningún caso logran reparar la carencia de energía. Descansamos, pero seguimos con sueño.
La falta de concentración y rendimiento, falsamente atribuidos al aburrimiento o la pereza, constituyen otros de los síntomas de la enfermedad. La somnolencia excesiva puede alterar las relaciones sociales y familiares de quien la padece, por ejemplo, generar problemas en el desempeño laboral, limitar la vida social o provocar accidentes de tránsito.
Existe una forma extrema de esta enfermedad llamada narcolepsia. En estos casos, la persona es invadida por una sensación irresistible de sueño profundo. Lo distintivo de la narcolepsia es que estos ataques suceden en situaciones inadecuadas, tales como una reunión animada o en medio de una conversación. Duran entre 10 y 20 minutos, luego, el sueño disminuye para reaparecer horas más tarde.
Se debe diferenciar estas enfermedades de la necesidad de dormir durante mucho tiempo. En estos casos, los dormilones sólo requieren de una mayor cantidad de horas de sueño para reparar el cansancio, pero no sufren episodios de somnolencia durante el día.
En los casos de hipersomnia y narcolepsia, conviene consultar directamente a un médico. Ambas enfermedades poseen tratamiento.
El sueño que no quiere venir
En el otro extremo, se encuentra el insomnio. Horas y horas dando vueltas en la cama sin poder pegar un ojo en toda la noche. Hasta pareciera que la cama se convierte en un elemento de tortura para el insomne.
La enfermedad se caracteriza por la dificultad en comenzar o mantener el sueño, por continuos despertares durante la noche y por la necesidad permanente de un cansancio reparador. Todos estos síntomas deben observarse durante más de cuatro semanas.
Su aparición se relaciona con una situación de estrés o un cuadro depresivo. Quienes lo padecen se sienten continuamente cansados, sufren dolores de cabeza, tensión muscular y trastornos gástricos.
Existen diferentes formas de luchar contra el insomnio: realizar ejercicio físico regularmente, establecer un horario fijo para levantarse y acostarse, tomar un baño caliente antes de dormir, cenar liviano, evitar las siestas y las bebidas con cafeína, beber leche tibia antes de meterse en la cama y sobre todo, no desesperar en el caso de que no se logre conciliar el sueño dado que la tensión nerviosa es enemiga del insomnio.
Sitios relacionados
www.rems.com.ar
www.aamsue.com.ar
www.vigilia-sueno.org



