Las horas antes de un examen, un encuentro inesperado, los pasos de la novia hacia el altar. Estas situaciones comparten un aspecto en común: la presencia de la adrenalina. Muchas veces utilizamos este término en nuestras conversaciones, pero... ¿sabemos de qué se trata...?
No pertenece exclusivamente al terreno de los deportes extremos, sino que la adrenalina tiene su propio espacio dentro de nuestra rutina diaria. Por lo general, es asociada a situaciones de tensión porque allí adquiere un mayor protagonismo.
Desde el punto de vista biológico, podemos definirla como una hormona segregada por las glándulas suprarrenales. Su función básica consiste en generar una eficaz adaptación al estrés, entendido como la capacidad de adecuarse a una determinada circunstancia.
La adrenalina en acción
La adrenalina actúa cuando en el entorno se produce una situación de tensión (agradable o desagradable) y el cuerpo precisa adaptarse ella. El sistema nervioso envía la orden de segregar adrenalina, por ejemplo, si una persona se siente amenazada por un posible robo, su tensión aumentará e inmediatamente liberará grandes cantidades de la hormona en cuestión.
La presencia de la adrenalina no genera una conciencia de peligro, sino que es una respuesta involuntaria frente a la percepción del riesgo. Una vez segregada es enviada a las partes del organismo protagonistas en la ejecución de la respuesta física a la situación tensionante.
Frente a la amenaza de un posible asalto, por ejemplo, la adrenalina se disparará y comenzarán a segregarse grandes cantidades que, a su vez, generarán un aumento de la presión cardíaca y de la frecuencia respiratoria, se dilatarán las pupilas y el cerebro estará más alerta.
Dado que los músculos de las piernas necesitarán una mayor cantidad de sangre para correr con más velocidad durante la posible huida, la presión cardíaca aumenta y envía sangre a las extremidades inferiores. Sucede lo mismo con el sistema respiratorio, el aumento de frecuencia oxigena la sangre. La dilatación de las pupilas o midriasis se debe a la necesidad de obtener una visibilidad clara de la situación.
La adrenalina enamorada
El campo de acción de la adrenalina no se reduce a los esfuerzos físicos. Los ingredientes típicos de un encuentro amoroso suelen originarse en su segregación. Así, el ruborizarse, el temblor en las manos y en los labios, las palpitaciones o el nudo en el estómago son responsabilidad de esta hormona delatora. Considerando otro plano, la increíble capacidad de estudiar sin descanso las horas de la noche anterior examen también se debe a la acción de la adrenalina.
La importancia del descanso
Cuando se vive en un estado continuo de tensión, es posible sufrir la enfermedad nerviosa llamada estrés. En estos casos, la adrenalina no es culpable del padecimiento, sino que es la respuesta propia del organismo frente al grado de excitación emocional que provoca un constante funcionamiento de las glándulas suprarrenales.
El hombre necesita de un tiempo de descanso tanto físico como mental. Una continua estimulación de la adrenalina mantiene al individuo en un permanente estado de alerta. Infartos cardiovasculares, úlceras pépticas, cansancio y desgaste físico crónico, son algunas de las consecuencias que puede generar la presencia continua de esta hormona en el cuerpo.