
La banda neoyorquina desplegó todos sus recursos post punk en su show en el Gran Rex. Presentó su último disco "Our love to admire", e hizo un repaso por los hits de toda su carrera.
El cuarteto neoyorquino Interpol repasó el sábado 8 de marzo éxitos de sus tres discos ante un teatro Gran Rex lleno y demostró por momentos que el infaltable fervor del público argentino no fue excesivo, aunque tuvo un show con altibajos en el que no pudo exhibir su identidad.
Fueron 19 temas -cuatro en un bis-, que comenzaron con todo, con los cortes de su último disco, "Our love to admire", y terminaron a las 23.20, con sólo un eco de ese arranque promisorio, ante unas 3.300 personas.
En el camino quedó en evidencia que la banda no posee un aura propia y que sus mejores momentos parecen imitar a otras propuestas contemporáneas como la de Muse -en algún instante caótico y melancólico también a Modest Mouse-, y en mucho menor medida a la influencia de los 80 que se les atribuye muchas veces.
En el teatro ubicado en centro porteño, Interpol abordó los éxitos de sus tres discos -los primeros dos álbumes son "Turn on the Bright Lights" y "Antics"-, entre los cuales estuvieron "Mammoth", "No I In Threesome", "Pace is the Trick" y "The Heinrich Maneuver".
El recorrido musical incluyó, además, un repaso por otros temas anteriores, como "Obstacle 1", de su disco debut, y "Slow Hands" y "Evil", de "Antics".
La voz y guitarra del anodino Paul Banks, la viola de Daniel Kessler -cuyo fetiche es vestirse de traje y bailar excitado hasta las baladas-, el bajo de Carlos D -correcto y extraño, como todo bajista- y la batería de Sam Fogarino -correcto también-, junto a un tecladista que con un sombrero Panamá y traje parecía un turista en la city porteña, empezaron a sonar a las 21.45.
El intento de un punk recargado con cierta épica tuvo sus mejores momentos en canciones que remitían al sonido más duro de Nueva York, aunque los fans, que para estar ante una banda casi post-adolescente lucieron un tanto avejentados, terminaron satisfechos.
Agradecidos porque los argentinos conocían varios de sus temas y al resto los acompañaban parados, dejaron que el cántico "olé, olé, olé, Interpol" sonara durante un par de minutos, entre risas, tras lo cual lo siguió el bis, en el cual incluyeron "Stella Was a Diver and She Was Always Down".
La puesta fue simple pero efectiva -luces verticales rodeaban el escenario e imágenes de animales salvajes se proyectaban sobre el fondo-, aunque visualmente la banda no se salvó de la monotonía de un típico cuarteto que conoce su trabajo.
Los momentos en que los instrumentos que giraban en torno a la grave voz de Banks y le daban espacio para hacer matices, fueron lo mejor de la noche, mientras que en cuanto a lo menos logrado fue la armonía entre batería y guitarra, ya que en ocasiones Fogarino y Kessler parecían tocar temas completamente diferentes.
Al final, Fogarino le entregó sus palillos en la mano a una espectadora que estaba situada en la primera fila.
Fuente: Télam.
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http://www.interpolnyc.com

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