Un cierre a pura potencia



Pocos en el estadio de River se acordaron de la ausencia de Lenny Kravitz en la última jornada del festival ante el aluvión de rock que inundó el estadio en la agradable tarde-noche del domingo 6 de abril, no excenta de sorpresas.

Sin dudas, se trató de la fecha más compacta, contundente y homogénea del Quilmes, que tuvo su broche de oro con Divididos, ese power trío que suena como si fuera un sexteto y que, como de costumbre, revalidó con creces su título de Aplanadora del Rock.

En un divertido gag alusivo al ausente Kravitz, Ricardo Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella salieron a escena usando unas enormes pelucas afro y tocando los primeros acordes de "Are you gonna go my way", uno de los hits del músico estadounidense. "Le mandamos un saludo al morocho, le deseamos que se recupere de su carraspera", ironizaría más tarde el guitarrista.

Luego vendría una andanada de temas como "Salir a asustar", "Cajita musical", "Spaguetti del rock", "Casi estatua" y "Para mil", entre otros.

Luego comenzaron a desfilar los músicos invitados. Peteco y Demi Carabajal (en violín y bombo), acompañaron en versiones bien folcklóricas de "Ortega y Gases" y "Qué ves". Alambre González aportó sus punteos en "Para mil", y los músicos del fallecido Ricardo Vilca inundaron River con sus melodías norteñas en "Guanuqueando".

Mollo lució todas sus dotes con las seis cuerda en la explosiva "Voodoo Chile", de Jimi Hendrix, punteando con una zapatilla vieja y con sus propios dientes.

Sieguieron "Elefantes en Europa", "Ñapi de mamá", "Paisano de Hurlingham", "Silve mule", de Sumo, y "Sobrio a las piñas".

Además, calmaron las ansias de quienes esperan por nuevo material de la banda, y presentaron un tema nuevo que integrará un nuevo disco que comenzarán a grabar próximamente. "Nos tenemos que poner a laburar", admitió Mollo.

Pero lo mejor estaba por venir. Cuando ya el público parecía saciado tras el pogo de "Cielito lindo", "El 38" y "Aladelta", todavía quedaba una sorpresa más: con la participación de Fernando Ruiz Díaz, de Catupecu Machu, y Wallas, de Massacre, desgranaro la versión más poderosa jamás tocada de "Nexweek", de Sumo. Delirio sobre y bajo el escenario. No se podía esperar un mejor cierre.

Antes, Catupecu también sacudió como una tromba a las casi 60 mil personas que se congregaron en el Monumental. Se trató de un show con una carga emotiva extra. Fernando Ruiz Díaz anunció que su hermano Gabriel, bajista y cerebro de la banda, estaba en el estadio presenciando el primer show luego del gravísimo accidente automovilístico que sufrió hace dos años, y del que todavía continúa recuperándose.

Con la incontenible energía y carisma de Fernando Ruiz Díaz al frente, la banda se despachó con contundentes versiones de "Viaje del miedo" "Magia veneno" "A veces vuelvo", "Entero o a pedazos", "Muéstrame los dientes", "En los sueños", "Y lo que quiero es que pises sin el suelo".... Un gran show que tuvo como picos más altos al muy "poguero" "Dale", y al cover de Massacre "Plan B: anhelo de satisfacción", con Wallas como músico invitado.


Justamente este versionado grupo fue antecedió a los Catupecu en el escenario. Con una actuación fresca y precisa Wallas y compañía demostraron por qué son una banda de culto, pero también hicieron sentir que están de vuelta en su mejor forma, gracias a su último disco, "Mamut".

La tarde había comenzado con los recitales de los mexicanos Pinker Tones y Estelares.






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