
Vestidos enaguas se imponen para enfrentar el calor del verano. Delicados y románticos, las prendas lenceras se confunden con camisones antiguos y resaltan la sensualidad.
Que a ningún gracioso se le ocurra pronunciar comentarios acerca de tu vestido enagua. Es cierto que a primera vista parecen camisones, pero la realidad es que a pocas de nosotras se nos ocurre dormir con tanta puntilla, encaje y cintas. No, lo nuestro, y en el mejor de los casos, es un pijama casi triste –pero muy cómodo- que de tanto uso sólo puede ser sexy debido a la transparencia de una tela que nos negamos a convertir en trapo.
Pero no es esta una nota sobre camisones, sino sobre la nueva tendencia de vestidos lenceros que saldrán a combatir el calor del verano. Así como el año pasado, la pollera con volados y larga constituía la prenda imprescindible de la temporada, al parecer, el vestido de una pieza en tonos claros ha llegado para sustituirla.
Sus diseños recuerdan a los camisones de principios del siglo pasado que nuestras abuelas escondían pudorosamente bajo su ropa. La idea, justamente, es la misma. No ocultarnos, sino que los vestidos sean lo suficientemente fluidos evitando que se ajusten excesivamente a tu cuerpo. Los fruncidos y los cortes se encargarán de resaltar tus curvas.
Considerando que para dormir los accesorios sobran, los vestidos camisones se presentan en su estado más puro. Vienen largos, cortos, con tirantes, lazos y volantes, rematados por encaje y broderie.
Las puntillas y los bordados aportan un aire romántico. Los escotes en V y el corte imperio acentúan su carácter más lencero. Se destacan por sus finos tejidos como el algodón, la seda, la batista y la muselina, destinados a impregnar de volatilidad e inocencia a unas mujeres ultra femeninas durante los primeros rayos de solo del verano.

Bodegón en el que se disfruta de buenas empanadas tucumanas y buen folcklore.
Resto, show y música. Noche a noche, el Dj sorprende con su música, remembers hits de los 90 y el mejor house y dance electrónico.