
Las hay de todos los colores. Se identifican con distintas causas de bien público. Actualmente, son el accesorio más cool de la farándula internacional. Las pulseras de siliconas solidarias se han convertido en un negocio millonario.
Basta con una tira de silicona para sentirse un benefactor de la humanidad. Y no sólo eso, las pulseritas solidarias son el accesorio más cool del momento. Las hay de todos los colores y causas posibles y no desentonan nunca, incluso, con un vestido de gala.
Pero no es cuestión de quitarles mérito. Las pulseritas, con todo su bagaje del mundo fashion y algo frívolo, han conseguido mover millones a favor de causas que se precian como verdaderamente justas.
La tendencia comenzó con la amarilla de Lance Armstrong. El ciclista seis veces campeón del Tour de France sufrió un cáncer testicular y logró recuperarse. Después de ese episodio, decidió que su vida ya no era la misma y fundó una organización para luchar contra esa clase de cáncer. La campaña fue novedosa: pulseritas amarillas de silicona con la inscripción “Live strong”. Y la respuesta fue increíble: se vendieron más de 33 millones de brazaletes.
La pulsera, que continúa a la venta, cuesta 1 dólar, pero no es posible adquirirla en el país, al menos, no por ahora. Lo interesante es que Nike se sumó a la exitosa campaña fabricando 5 millones de cintas amarillas y donó su primer millón a favor de la causa.
Si bien no se trata de menospreciar el espíritu generoso de aquellas 33 millones de personas que decidieron adquirir la mencionada cinta, el mundo del espectáculo y la eterna fantasía de pertenecer hicieron parte del trabajo. Lance Armstrong está casado con la cantante Sheryl Crow y de ahí llegaron los contactos.
Tom Hanks, Angelina Jolie, Matt Damon, Ben Affleck, Ben Stiller, Gwyneth Paltrow, Bruce Willis, Robin Williams, Norah Jones y Bono, entre otros, mostraron sus amarillas coloridas muñecas. Los deportistas tampoco quedaron al margen: Andre Agassi y Serena Williams llevaron los brazaletes al césped y cemento, Ronaldinho apuntó goles con la cinta amarilla puesta y delegación norteamericana la usó en los últimos Juegos Olímpicos. Incluso la pulsera llegó a ser tema de campaña durante las elecciones presidenciales entre el candidato demócrata John Kerry y el republicano Bush: ambos declararon que cada uno tenía la suya.
Como todo fenómeno que consigue un cierto grado de éxito, las cintas de silicona se multiplicaron por cuanta causa solidaria ande dando vueltas. Todas ellas se han apuntado a la moda de recaudar fondos y llegar al público de una manera esencialmente visual.
Además de mostrar al mundo cuán solidario se puede ser y de ser la puerta de entrada al mundo fashion internacional, los brazaletes de silicona ofrecen también un remedio portátil para la baja autoestima. Sus inscripciones llevan frases o palabras siempre positivas: hope, live strong, yo también –en este caso, se trata de completar la frase con un mensaje alentador-, por una sonrisa. Y otros pueden generar diferentes lecturas según quien la lleve. Un roja pide "Support our troops" que, es obvio, no es lo mismo que la lleve Bush o un iraquí envuelto en un turbante.
Debido al negocio millonario que generan, las empresas dedicadas a producirlas no tardaron en aparecer. Envueltas en discursos solidarios, ofrecen fabricarlas en colores y tamaños para todos los gustos. Una página de Internet española las comercializa declarando que su organización tiene un objetivo empresarial y solidario a la vez y continúa “se trata de unir una causa social a una pulsera, su color, forma y mensaje identificará cada una de las causas que apoyaremos” y proponen asociarse con ONG’s o con proyectos vinculados a causas, eso sí, únicamente justas.
Los colores resultan fundamentales a la hora de asociar la pulsera con un fin concreto. Por ejemplo, la edición de los conciertos musicales LIVE 8 estuvo acompañada por la venta de un brazalete blanco que decía “Make Poverty History”. La Breast Cancer Research Foundation ofrece la pulsera para colaborar con la causa en el clásico color rosa que identifica la lucha contra el cáncer de mama.
En la causa contra el tabaco abundan los colores. La organización Tobacco-Free Kids de EEUU, cuenta con brazaletes rojos, la empresa farmacéutica Pfizer ofrecía el intercambio de un cigarrillo por una cinta verde y el laboratorio Glaxo SmithKline repartió pulseras azules con la inscripción “Ya no fumo”.
El rojo es utilizado por las organizaciones que luchan contra el virus HIV. En nuestro país, la Fundación Huésped ofrece la pulserita roja de la lucha contra el SIDA que lleva la inscripción “Yo también”. Lo recaudado es utilizado a beneficio de las actividades que realiza la institución. Los seguidores religiosos de la Kabbalah también llevan una cinta roja como Madonna y Britney Spears.
Colores como el azul fueron utilizados en distintas ocasiones. Los brazaletes dedicados a recaudar fondos para las víctimas del tsunami, los creados por Adidas contra los abusos en los colegios británicos y otros pertenecientes a las asociaciones de autismo.
En una original versión, se entrecruzan dos brazaletes, uno blanco y un negro, para rechazar el racismo. Las moradas, por ejemplo, luchan por la causa de los homosexuales, otras se suman a la lucha de quienes padecen asma y algunas claman por los derechos de los animales. Existen algunas con causas encontradas: la verde militar apoya a los norteamericanos en Irak y las blancas piden la paz en Medio Oriente.
En blanco y celeste, la Fundación PUPI (Por un piberío integrado), creada por el futbolista Javier Zanetti, lanzó una campaña de alcance internacional denominada “Una mano por una sonrisa” en la que se ofrecen pulseritas de silicona con los colores de la bandera.
Quizás las pulseras no sean más que una moda. Una limpieza de conciencia para famosos que luchan por ser considerados humanos poniendo su mejor cara de seriedad. La puerta de entrada para que simples mortales diluidos en la masa de espectadores puedan sentirse verdaderos protagonistas de las cruzadas solidarias del mundo. Pero quizás también, los millones que mueven el negocio de las pulseras constituyan una verdadera colaboración para causas y fines que se precien justos y necesarios.

Bodegón en el que se disfruta de buenas empanadas tucumanas y buen folcklore.
Resto, show y música. Noche a noche, el Dj sorprende con su música, remembers hits de los 90 y el mejor house y dance electrónico.