
Leopoldo Maler: Un polifacético artista plástico argentino que goza de una obra rica en provocaciones irónicas y renovadoras para el espectador, revela su quehacer
Desde Universia Puerto Rico, nos llega esta entrevista al artista argentino, luego de su visita a la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico (EAP). Artífice de una obra tan rica por su multiplicidad de medios como por su contenido, Maler ha logrado llegar al alma de miles de espectadores alrededor del mundo.
E.D.F.: Basta con dar un vistazo a su carrera para darse cuenta de que usted es todo un autor polifacético. Primero estudia Derecho y Ciencias Sociales, luego se dedica al teatro, al cine, la radio, la televisión, colabora y crea proyectos de multimedios, funge como escritor y director de happenings. Pero me pregunto ¿en qué momento surge en usted un interés por las artes visuales?
L.M.: Desde los nueve, diez años tuve un fascinación por el cine, inclusive de grande pensé que de chico era esquizofrénico porque consideraba que estaba viviendo yo una película en la que cada movimiento, cada tarde mía era otra película que hacía. Vengo de una familia de una tradición jurídica, todos son abogados, tíos, parientes, padres, todos, desarrollé también desde muy chico una vocación por el derecho, por eso es mi único entrenamiento académico, pero lo seguí con vocación. Fue después cuando más grande que pude tomar mayores decisiones, y decidí volcarme en las artes visuales.
E.D.F.: ¿Tuvo usted estudios académicos en arte o fue exclusivamente autodidacta?
L.M.: No, yo creo que en mi caso personal no aconsejo tomar normas universales. Creo que es una suerte. Claro, conociéndome tan rígido como soy, si hubiera seguido una escuela académica hoy estaría quizás haciendo retratos y paisajes, sería eximio dibujante, eximio colorista, pero no hubiera acudido a tantos medios, que fueron necesarios para mí, para cubrir la carencia de técnicas.
E.D.F.: O sea, que usted no es muy amigo de la academia?
L.M.: Bueno, soy amigo porque estoy aquí (sonríe, refiriéndose a la Escuela de Artes Plásticas). Además enseñé en varias universidades, en varias academias, pero recibí otro tipo de educación que no es el clásico.
E.D.F.: Además de la Academia, ¿qué otras experiencias considera que serían positivas en la formación de un artista?
L.M.: Ver, ver, ver, ver, no dejar de ver. Ver cuanta exposición existe, cuanta película sale, tener la curiosidad de ver y ver. Dicen que el 85% de nuestro conocimiento es a través de la vista, y con más razón se deben aprender las artes visuales a través de la vista. Es como el que quiere ser escritor que lee, lee, lee. Así aprendí yo, porque cuando llegué a Europa de joven, no perdía una sola exposición, no perdía una obra de teatro, siempre buscaba ver algo, y aunque fuera la obra más aburrida porque aún en el rechazo aparece una motivación para crear una imagen.
E.D.F.: Su obra a veces es irónica, pero otras veces suele ser mordaz, como podemos ver en Homenaje (1974) una obra literalmente cáustica. ¿Por qué razón describe usted esta pieza como su "logo no querido"?
L.M.: Bueno porque ningún artista quiere un logo, además yo siempre hablo de mi escala de trabajo; son escalas muy grandes y esta es la obra más pequeña que hice. Yo me expresé mal, al decir no querido quise decir no premeditado. Fue casual, o sea, la obra salió al mundo y repentinamente se convirtió en una especie de icono, una especie de logo, que no me identificó tanto a mí como identificó al arte latinoamericano. Ahora, no sé si hay mordacidad, lo que sí sé es que hay es humor, porque el humor es mi primera religión. Yo creo que aún en obras trágicas tiene que haber humor, si no hay sordidez y aburrimiento; el humor es la creatividad más grande, todo filósofo va a hablar del humor como un hecho creativo, una asociación de dos hechos opuestos que crea una respuesta inesperada. Yo creo que es muy importante cultivarlo.
E.D.F.: ¿Podría describirnos cómo es su proceso creativo? ¿Acaso tiene alguna especie de ritual?
L.M.: No, salvo lavarme la cara (lanza una carcajada). Siempre digo que es una incongruencia vivir en donde estoy viviendo, en un pueblito de pescadores de 500 personas, aislado, con un panorama maravilloso, porque yo siempre viví en ciudades hacinadas, como por ejemplo en Londres en donde viví durante 20 años con frío, no había calefacción central, en donde era todo sufrimiento. Creo que de las crisis y de las situaciones de tensión salen las mejores obras, por eso necesito eso todavía, y son como visiones, como pequeñas alucinaciones que de golpe corporizo, relaciono una imagen con otra y digo: ahí está la próxima obra, o lo sueño, sueño imágenes también, pero en la mayor parte, digamos de la vida diaria, lo que hago es que por la mañana hago sketches, sketches, sketches utilizando el principio surrealista, la expresión libre, que en el fondo es el famoso diálogo interno que siempre existe; entonces las cosas salen o se quedan y salen más tarde.
E.D.F.: Se ha dicho que usted utiliza el arte como un arma subversiva, o al menos como un Ágora, un espacio abierto de participación y discusión. El espectador más allá de contemplar debe reaccionar. En alguna ocasión, ¿le ha sorprendido la reacción del público a sus obras?
L.M.: Sí, por supuesto. Ayer en la conferencia (refiriéndose a la Conferencia que ofreció en la Escuela de artes Plásticas el 15 de octubre de 2003) no mostré una obra que yo llamé Mortal Issues, cuestiones mortales, donde era una sala gigantesca del Museo de la Galeria Whitechapel de Londres, donde habían cuerpos de tamaño natural inflables. Los cuerpos se inflaban y se desinflaban cada 40 segundos, yo quería un poco ritualizar, rescatar el movimiento de la respiración como el primer ballet, la primera coreografía del ser humano, porque hay un movimiento repetitivo. Había gente que entraba y lloraba, otros me decían que les recordaba la muerte de su padre, a otros les daba miedo. Lo que me interesa es que haya una conmoción intensa, por eso hablé ayer de la contemplación, ya que la participación física inmediata no permite ningún tiempo de reflexión.
Fuente: Elaine Delgado Figueroa / EAP
Foto: Arte público de Maler

Cristina Centenaro acompaña a cuatro de sus obras al óleo con un texto en la que profundiza sobre la capacidad de crear.


