
El film, basado en una tragedia de Eurípides, narra la las desventuras de una joven perteneciente a un pequeño y empobrecido pueblo que será sacrificada por su padre como parte de un ritual para poner fin a una sequía.
Inés de Oliveira Cézar se inspiró libremente en la tragedia griega "Ifigenia en Aulide", de Eurípides, para crear un universo áspero y seco en "Extranjera", una película que narra la crónica de la anunciada muerte de una joven que será sacrificada por su padre para paliar una sequía.
Protagonizada por Agustina Muñoz, Carlos Portaluppi, Eva Bianco, Aymará Rovera y Maciej Robakiewicz, la tercera película de la directora de "La entrega" y "Cómo pasan las horas" transcurre en un espacio árido y pedregoso, en unas sierras golpeadas por la falta de agua que están más allá del tiempo y de toda geografía reconocible.
En ese lugar aislado que parece pertenecer más al mito que a una época determinada es donde transcurre esta historia en la que el curandero de un pequeño poblado de desahuciados, presionado por el fanatismo y la ignorancia, decide sacrificar a su propia hija para intentar frenar una intensa sequía.
"Ya conocía la tragedia de Eurípides y empezó a resonar en mí durante la filmación de 'Cómo pasan las horas', cuando observé a Agustina Muñoz -la víctima en este filme- en una secuencia en la que se tocaba el piano", recordó la directora en una entrevista con Télam.
"Una vez que empecé a releer la obra llegó un momento en que todos los días la leía en cualquier tramo. Era como un material que me nutría, pero como no quería hacer una copia sino una versión libre, me entregué de manera orgánica y me dejé inspirar por ella sin trabas", agregó.
Obra de silencios y esperas, de tiempos laxos y paisajes áridos e imponentes, de actuaciones sutiles en las que cada mínimo gesto cobra una importancia inusitada, "Extranjera" fue invitada a participar de la sección Forum del 57mo. Festival Internacional de Cine de Berlín.
Con respecto al drama que enfrenta la protagonista, que asume su destino y se entrega con altura a su anunciada muerte, de Oliveira Cézar señaló que "lo que me interesaba era investigar acerca de la dignidad de esta mujer, cuál es la medida de la dignidad y cómo se puede manifestar".
Para la directora, el sacrificio de la víctima "es una paradoja, porque si bien ella se entrega a su destino porque no tiene la fuerza para escapar de eso, de todas maneras no por eso baja los brazos e intenta encontrarle un sentido posible a esta necesidad de partir. Y yo realmente siento que se lo encuentra", continuó.
Y añadió que, "en ese sentido su actitud tiene que ver con la dignidad, que es encontrarle un sentido a las cosas que uno hace, sea en las circunstancias que sea".
El rodaje de la película se llevó a cabo en la localidad serrana de Villa Benegas, a pocos kilómetros de Mina Clavero, en la provincia de Córdoba, donde la cineasta y su equipo de actores y técnicos debían subir a pie y en mulas todos los días hasta el lugar elegido para desarrollar cada acción.
"La película está repleta de otras intensidades y sensaciones que resuenan. Me parece -afirmó- que hay toda una sensación y una atmósfera particular en el filme, que es una atmósfera seca y dura que forma parte de esas fuerzas".
En ese sentido, los personajes están claramente determinados por la dureza del ambiente, por el calor insoportable, la sequía y ese desierto de sierras y piedras donde los arbustos se secan, los animales se mueren de hambre y sed, y los hombres se dejan arrastar por el fanatismo en busca de un chivo expiatorio.
"Existe un juego con esa fuerza de la naturaleza y empieza a aparecer en el actor la influencia de esa dureza y esa sequía, porque el actor tiene que pensar algo que sería impensable de otro modo si no lo viviera en carne propia", explicó de Oliveira Cézar.
La directora reconoció que "la idea era que el filme transcurriera en un espacio sin tiempo ni lugar definido. Traté de articular algo desde la puesta en escena y el tiempo, algo que me pudiera llevar a otro tiempo, imaginable para atrás, para adelante o para donde quisieras. En el fondo es lo mismo, porque la esencia humana es siempre la misma".
"No estaba preocupada por definir el mito, sino por tratar de experimentar el mito para ver qué surgía, dejarnos atravesar por esas fuerzas y ver cuál era el resultado expresivo. En definitiva, la idea era ponerle el cuerpo y hacer una experiencia con eso".
Fuente: Télam.


