
Basada en la novela de Arthur Goleen, llega a la pantalla grande de la mano del director de “Chicago”, Rob Marshall. Las estrellas chinas Gong Li, Ziyi Zhang y Michelle Yeoh encarnan a tres competitivas geishas japonesas.
Título original: Memoria de una Geisha
Género: Drama
Actores: Ziyi Zhang, Ken Watanabe, Michelle Yeoh, Gong Li, Koji Yakusho, Youki Kudoh, Kaori Momoi, Tsai Chin, Cary-hiroyuki Tagawa, Suzuka Ohgo, Zoe Weizenbaum, Thomas Ikeda.
Director: Rob Marshall
Guionista: Robin Swicord
Origen: Estados Unidos
Año: 2006
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SALAS y HORARIOS para ver "Memorias de una geisha"
En 1997, el autor Arthur Golden ofreció a los lectores una intoxicante y cautivadora historia de un mundo oculto en su aclamada novela, Memorias de una Geisha. La arrolladora épica romántica estuvo dos años en la lista de best-sellers de The New York Times, vendió más de cuatro millones de copias en inglés y es ya traducido a más de 32 idiomas.
Ahora, el director de la taquillera “Chicago”, Rob Marshall y los productores Douglas Wick y Lucy Fisher, y Steven Spielberg, junto con un ovacionado reparto internacional y un equipo ganador de premios traen a la pantalla grande esta hipnotizadora fábula.
Ubicada en un mundo misterioso y exótico que en la actualidad sigue teniendo un potente hechizo, la historia de Nitta Sayuri’s comienza en un pueblo de pescadores en 1929, antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando siendo una niña de 9 años con hermosos ojos azules, es arrebatada de su paupérrima familia para trabajar como sirvienta en la casa de una geisha. A pesar de una traidora rival que prácticamente le rompe el alma, la chica crece para convertirse en la legendaria geisha Sayuri. Allí se produce su transformación cuando aprende el riguroso arte de ser geisha: baile y música, kimono, maquillaje y peinados, sake, se le enseña que una geisha no tiene libertad de amar o perseguir su propio destino.
Su maestra, la geisha legendaria Mameha (Michelle Yeoh), entiende los límites de una relación íntima con un patrón o danna especial, y enseña a Sayuri a reprimir siempre sus sentimientos. A diferencia de la desafiante rival de Sayuri, Hatsumomo (Gong Li), Mameha sabe que una buena geisha no puede darse el lujo de caer en las redes de la pasión por ningún hombre.
Aun así, Sayuri no puede olvidar un momento de inesperada amabilidad que experimentó siendo muy joven. La memoria de ese momento brilla como un espejismo y la sostiene en todos sus años de sufrimiento. Observando su vida en retrospectiva, recuerda a “una pequeña niña con más valor de lo que se imaginaba”, y reflexiona “éstos no son los recuerdos de una emperatriz, ni de una reina. Éstas son memorias de otro tipo”.
Las mariposas de la noche…
La geisha ha sido siempre una figura de fascinación en el Japón y en todo el mundo. Durante siglos, han emergido de sus hogares entre las sombras como las mariposas de sus orugas, para las rondas nocturnas a sus compromisos en alguna casa de té. Las noches sociales han sido siempre una parte importante de los negocios del Japón, y la presencia de las geishas refleja bien al anfitrión quien puede darse el lujo de tener compañeras tan glamorosas.
Ni esposa ni prostituta, una geisha es una artista que se gana la vida entreteniendo a hombres poderosos. La palabra gei (se pronuncia “guei”) significa “arte” en japonés. Una geisha es bailarina, cantante y música entrenada, así como una graciosa conversadora. Ríe con las bromas y ocurrencias de sus clientes, y nunca revela los secretos de éstos. Ella crea drama con un simple movimiento ligero de su abanico.
Años de arduo trabajo y auto disciplina la han transformado en esta refinada criatura, pero debajo de las capas de su kimono y la máscara neutra de su maquillaje se encuentra una mujer de carne y hueso con su propia historia, decepciones y sueños. Los secretos que guarda más celosamente pertenecen únicamente a su corazón.
Los distritos geisha descritos tan vívidamente en la novela de Arthur Golden todavía existen hoy en día, y la geisha auténtica continúa entreteniendo en elegantes y antiguas casas de té. Se visten, se adornan y se desempeñan como lo han hecho las geishas por siglos.
Las mujeres que se convierten en geishas actualmente por lo general llegan a esa profesión impulsadas por su interés en las artes tradicionales y pueden permanecer en ella sólo unos cuantos años. En una época las mujeres más populares de su país, las geishas más poderosas fueron las supermodelos de sus días hasta que llegó lo “moderno” y las definió como el Occidente en Japón.
Fuente: Columbia Pictures


